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¿Qué son los brackets y qué tipos hay?

La alineación de los dientes es un aspecto que condiciona claramente la salud bucodental de las personas. Una incorrecta disposición de las piezas dentales y una mala mordida (maloclusión) pueden ser el origen de diversos problemas de salud, por lo que la odontología cuenta con su propia especialidad para tratar estos casos: la ortodoncia.

Según la Sociedad Española de Ortodoncia (SEdO), esta se encarga del estudio, de la prevención y de la corrección de las alteraciones del desarrollo, de las formas de las arcadas dentarias y de la posición de los maxilares, con el fin de restablecer el equilibrio morfológico y funcional de la boca y de la cara; lo que además también permite mejorar la estética facial.

Es decir, gracias a esta especialidad odontológica se consiguen corregir los problemas asociados a una mala colocación de los dientes y a una inadecuada masticación. Para ello, se llevan a cabo tratamientos concretos con aparatos fijos de ortodoncia, los denominados brackets, o aparatos removibles.

¿Qué son y para qué sirven los brackets?

Se suele denominar como brackets a todo el aparato de ortodoncia que se coloca de forma fija (habitualmente, por un espacio concreto de tiempo) en la dentadura, para que ejerza una presión continuada sobre esta y corregir así su disposición. Pero en realidad, un bracket es cada una de las piezas que conforman esta estructura y que está adherida a la pared del diente.

Normalmente, se emplea un alambre o goma para unir cada pieza a modo de ligadura, y esta a la vez es la encargada de hacer un trabajo activo de fuerza, con el fin de reorganizar adecuadamente la mordida. Aunque, como veremos más adelante, recientemente ha surgido una alternativa: los brackets autoligables, que se unen al arco mediante un sistema de clips.

Los brackets, un tratamiento que ha avanzado por y para la comodidad de los pacientes

Por fortuna, los brackets han evolucionado mucho desde su origen, e incluso ahora se aprecian grandes avances en los tratamientos respecto  a los que se dispensaban hace unos años. Aunque, para empezar, podemos decir que la ortodoncia es una especialidad que surgió a mediados del s.XIX; si bien dio su gran salto de popularidad a finales del s.XX, cuando la alineación dental comenzó a verse como un problema estético que también afectaba a la salud de quienes lo padecían.

Por entonces, la demanda de estos tratamientos creció en todo el mundo, aunque los tipos de brackets dentales que existían no eran muy variados. No en vano, destacaban por ser bastante voluminosos y molestos, pues habitualmente estaban formados por grandes piezas metálicas que se unían mediante ostentosos alambres.

Así que, además de ser muy antiestéticos, la aparición de heridas y llagas también suponía un grave problema para los pacientes. De ahí que, con el paso del tiempo, los modelos de brackets dentales fueran mejorados paulatinamente e, incluso, surgieran alternativas, como las carillas, láminas muy finas y resistentes, hechas de porcelana, que están pensadas para adherirse a la parte externa de los dientes y que se utilizan para mejorar su estética, pero no para corregir sus carencias funcionales.

tipos de brackets infografia

¿Qué tipos de brackets hay ahora?

En primer lugar, hay que indicar que la ortodoncia ofrece dos tratamientos diferenciados para solucionar los problemas de alineación de los dientes: el de aparato fijo y el de aparato removible. Como sus nombres indican, el primero se lleva de forma continuada mientras dure todo el proceso y está asociado a los mencionados brackets; mientras que el segundo permite que el paciente se retire el sistema de la boca en momentos dispuestos por el ortodoncista, como puede ser la comida o el cepillado de dientes.

La mayor variedad está en el tratamiento de aparatos fijos, por lo que existen distintos modelos de brackets dentales. Así, nosotros hemos dividido su clasificación en dos grupos diferentes, en función del material del que están hechos y de su diseño.

Por su material 

No estéticos

  • Brackets metálicos: También conocidos como brackets comunes, son aparatos con una gran tradición, porque son duros, resistentes y muy eficientes a la hora de corregir problemas de alineación, mordida y colocación. Es decir, son una apuesta segura para llevar el tratamiento a buen puerto, pero con la desventaja de que pueden causar alergias y de que son muy antiestéticos por verse claramente. Por ello, en ocasiones se utilizan alambres de colores para decorarlos.

Estéticos

  • Brackets cerámicos: Normalmente, si el material no es metálico es que estamos hablando de opciones estéticas. Y los cerámicos de porcelana son una buena solución entre estas últimas, pues pueden alcanzar unos adecuados niveles de transparencia y se pueden combinar con los brackets tradicionales. ¿Lo malo? Que se ensucian fácilmente, sobre todo si el que los lleva es fumador.
  • Brackets de zafiro: Su material, el cristal de zafiro, los convierte en prácticamente invisibles a simple vista. Además, son resistentes y conservan el color perfectamente a pesar de la acción de la comida, de la bebida o el tabaco. De ahí que sean una opción casi perfecta, salvo porque su precio es considerablemente más caro que el de las alternativas existentes.
  • Brackets de resina: Son baratos y semitransparentes, pero no muy recomendables por su poca resistencia. Requieren de un cuidado especial para evitar que se rompan, de forma que lo ideal es usarlos si el tratamiento no va a ser muy largo.
  • Brackets de zirconio: Presentan características muy similares a los cerámicos, pero con la ventaja de que no se desgastan ni se manchan tan fácilmente como estos.

Por su diseño

  • Brackets linguales: Entran dentro del grupo de los brackets metálicos y de incógnito (invisibles), con la particularidad de que, en vez de adherirse a la parte externa de los dientes, se colocan en la interna. Su precio es bastante alto en relación a las demás opciones, porque se diseñan de manera personalizada a partir de una aleación de oro. Así que se debe valorar si merece la pena esta inversión a cambio de su comodidad, invisibilidad, resistencia y eficacia.
  • Brackets autoligables: Como ya hemos mencionado, los brackets tradicionales se unen entre sí por un alambre o goma que se encarga de adecuar el arco dental. Pero también existe esta alternativa, hecha de metal o zafiro, y que es más cara. Destaca por no emplear ligaduras y funciona a partir de clips que hacen presión y fijan el arco con cada pieza. Una particularidad que les da tres ventajas claras: menor acumulación de suciedad, menor fricción y que no haya necesidad de cambiar las ligaduras cada cierto tiempo.

¿Qué brackets son más recomendables para cada caso?

Acabamos de ver que hay múltiples opciones y la decisión definitiva debe depender de la opinión del ortodoncista, de las características del paciente y de sus necesidades. Este ha de valorar factores como su edad, la comodidad, la estética, la eficacia, la durabilidad y el precio de los brackets; y a partir de ahí, decantarse por el tratamiento ideal.

Es importante tener en cuenta que, por mucho que el proceso pueda variar en un caso u otro, el resultado final debe acabar siendo el mismo: una alineación y una oclusión óptimas.

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