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La importancia de una correcta oclusión dental

Cuando una persona se plantea someterse a un tratamiento de ortodoncia, normalmente lo hace por motivos estéticos, pero detrás de una sonrisa bonita también suele haber una sonrisa saludable. La correcta colocación y distribución de las piezas dentales en el interior de nuestra boca contribuye a mantener el equilibrio estructural que necesita nuestro cuerpo, ya que la calidad de la mordida afecta a varios aspectos de la salud  y esto es algo que no mucha gente conoce.   

La denominación ‘oclusión dental’ hace referencia a la forma en la que encajan los dientes superiores e inferiores en la mordida. A nivel morfológico, el cuerpo humano está preparado para que cada uno de estos tenga su propio espacio dentro de la cavidad bucal. Pero si esto no es así, porque hay una o varias piezas que están desplazadas, el resultado puede ser muy problemático para la persona afectada. Y es que estos desajustes por maloclusión pueden generar molestias y dolor, así como originar desequilibrios óseos, musculares, digestivos, cardiacos y respiratorios.  

En concreto, no son pocos los problemas que pueden tener su origen en una incorrecta alineación de los dientes. Así que pasamos a enumerarlos: 

  • Problemas relacionados con propios dientes, ya que una sobrecarga o tensión excesiva por una mordedura incorrecta puede desgastarlos, perjudicar a su esmalte o modificar la encía y reducir su tamaño. 
  • Problemas que alteren aún más la distribución de la dentadura, ya que pueden apiñarse o separarse aún más, por lo que la patología puede empeorar con el tiempo. 
  • Problemas que perjudiquen a la articulación maxilofacial, lo que se traduce en ocasiones en ruidos articulares, dificultades de movimiento y masticación e incluso dolores de cabeza y de cuello.  
  • Problemas que puedan perjudicar a la digestión a consecuencia de una mala masticación. Si la comida no se muerde correctamente pueden producirse atragantamientos, molestias estomacales o desajustes metabólicos.  
  • Problemas respiratorios o cardíacos, pues en los casos de maloclusiones severas es posible apreciar dificultades para respirar bien durante el sueño – como apneas -, incrementos en la presión arterial e incluso enfermedades inmunitarias, a causa de procesos infecciosos causados por las dificultades de desarrollar una buena higiene bucodental.  
  • Problemas que afecten también a veces a la fonación, ya que algunas personas afectadas pueden tener dificultades para pronunciar correctamente las palabras. La boca y los dientes se comportan como una caja de resonancia y si esta no tiene todos los elementos bien dispuestos, el sonido al hablar no será el esperado. 
  • Problemas estéticos, incluyendo asimetría facial, mandíbulas prominentes o incluso envejecimiento prematuro de la cara. Las formas de las mejillas, de los pómulos, del contorno de la cara y de la mandíbula están relacionadas con la disposición de nuestros dientes y si esta no es la adecuada, la piel también puede verse afectada. 
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  • Llevar una vida saludable también depende de nuestra mordida 

  • De todos estos problemas, los que más claramente pueden reducir la calidad de vida del paciente son los que afectan a la cabeza, el cuello, a la digestión y al sistema cardio-respiratorio. No en vano, se calcula que cerca del 30 % de las cefaleas están provocadas por un problema que combina la maloclusión con el estrés. Este dato puede incrementarse hasta un 70 o un 80 % si la persona no tiene una mordida adecuada y además se encuentra en una época de sobrecarga emocional y tensional. De esta manera, si esta afectación no se trata, su malestar puede ir creciendo con el paso de los días y derivar incluso en ruidos, mareos y otros síntomas. 
  • Además, en el caso de la digestión, hay que recordar que lo aconsejable es masticar hasta 50 veces un trozo de comida antes de tragarlo. Algo complicado de hacer si la dentadura no está dispuesta correctamente o la mordida no es la apropiada. Así que una maloclusión que impida comer de forma adecuada puede tener consecuencias severas en la salud. Entre ellas, las relacionadas con el incremento de acidez estomacal, con la aparición de digestiones pesadas e incluso con la ganancia de peso, ya que el metabolismo no podrá trabajar con normalidad y habrá un gasto calórico menor.  

La prevención, la mejor forma de atacar el problema antes de que se agrave 

  • Por ello, es aconsejable acudir al dentista de forma periódica para someterse a revisiones, así como facilitar que los niños sean supervisados por un especialista odontológico durante su etapa de crecimiento. Sóolo de esta manera se podrá controlar que su dentadura se desarrolle correctamente o, en caso de que no sea así, se podrá definir un tratamiento de ortodoncia personalizado y adecuado para prevenir y evitar todos estos problemas a lo largo de su vida.  

En caso de no hacerlo, la solución será más complicada en el futuro, ya que corregir la oclusión dental de un adulto es más complicado que la de un niño o un adolescente. En estos casos, la clave está en que aún se encuentran en una fase de crecimiento óseo, por lo que si el origen del problema es de tipo esquelético, se podrá abordar fácilmente y atajar antes de que el perjuicio sea mayor.